Francisco Madariaga



Francisco Madariaga:
El Poeta Solar 
del Trino Blanco

Introducción, Nota biobibliográfica y Selección de Textos
Lucio L. Madariaga


Nació el 9 de septiembre de 1927, y a los 14 días de vida fue llevado al Paraje Estancia Caimán, Tercera Sección, del Departamento de Concepción en la Provincia de Corrientes, Argentina. Hasta los 15 años de edad vivió entre esteros, lagunas, palmeras salvajes y los gauchos más arcaicos que aun quedan en la Cuenca del Plata. En este escenario pasó su infancia marcado por el idioma guaraní que nunca dejó de hablar ni bien llegado a su tierra. Viajó a Buenos Aires para completar sus estudios en el Colegio Nacional Mariano Moreno y residió allí, alternando con largas temporadas en el campo, sin perder nunca el contacto con Corrientes.

En 1947 a los 20 años de edad, conoció al narrador Gerardo Pisarello, a quien visita por primera vez en su casa de Saladas, Corrientes, que marcará el inicio de una profunda amistad. Luego por esos años conoce al escritor entrerriano Alfredo Martinez Howard, quien le presenta a Enrique Molina.

En Buenos Aires en 1951, se vinculó con los surrealistas organizados alrededor de la figura de Aldo Pellegrini donde se reunían poetas, pintores, escultores, cineastas y músicos que se nuclearon para publicar las revistas "A partir de Cero" y  "Letra y Línea".  Por esa época también se vinculó con la revista "Poesía Buenos Aires" que dirigía Raúl Gustavo Aguirre, donde publicó sus primeros poemas, y luego de su acercamiento al surrealismo, continuó frecuentando a los miembros de esta Revista. En palabras de Rodolfo Alonso: 
Aunque llegaría luego a ser, con toda justicia, la joya más preciada de los surrealistas, nunca olvidó que comenzó a publicar en Poesía Buenos Aires, y que siempre lo consideramos uno de los nuestros.1

En 1954 conoció a Oliverio Girondo (Foto), y en su casa de la calle Suipacha, donde vivió con Nora Lange, compartirá magnificas veladas, entre otros, con Miguel Ángel Asturias, Lisandro Galtier, Edgar Bayley, Olga Orozco, Juan Antonio Vasco, José María Gutiérrez, Ramón Gómez de La Serna, Xul Solar, Enrique Molina, Marcel Marceau, Carlos Latorre, Juan Filloy, Rómulo Macchió, Rodolfo Alonso, Aldo Pellegrini, Alfredo Martinez Howard, Eduardo Calamaro.

De su vínculo con el surrealismo argentino y latinoamericano, podemos decir -siendo fieles a lo que siempre manifestó el mismo poeta- que él nunca adhirió de manera dogmática al movimiento. Pero siempre reconoció e hizo suya, la defensa de la poesía que encarnó el surrealismo contra los diversos poderes político-culturales. La defensa de la libertad estética, de la libertad del arte, sin dejar de lado un compromiso ético.

Es justo decir que sus primeros libros tenían un tinte mucho más cercano al universo surrealista. Por la virulencia de muchos de sus versos y la estética vanguardista de sus poemas, pero ya allí podemos evidenciar la propia originalidad de la obra poética de Madariaga. Una poética totalmente original dotada de un lirismo salvaje, con un gran dominio de lenguaje, donde el paisaje y las imágenes de la tierra de su infancia, "centro de su universalidad" -con sus gauchos bravíos, paisanas guaraníes, esteros, selvas livianas, caballos, trenes casi-fluviales, palmares, apariciones, contiendas políticas sangrientas- pudo apropiarse en cierta medida de la estética surrealista y expresarse a través de ella. 


 Francisco Madariaga; Edgar Bayley y Rodolfo Alonso



Como señaló el poeta y ensayista Oscar Portela "Junto a Aimé Cesáire, Francisco Madariaga el Argentino Correntino, es uno de los más poderosos poetas de la poesía moderna"  y todo ello sin emparentarse directamente con ninguna corriente literaria, dando por resultado una obra excepcional, como sólo la apropiación del vanguardismo por parte de los llamados países periféricos -con sus propios universos simbólicos, sus idiosincrasias, su riqueza escondida, profunda y mística- podía dar. Éste es el gran mérito de Madariaga, y lo ejemplar de su producción. Totalmente natural en él, en absoluto forzado. Un poeta-hombre donde se evidenciaba una profunda y arraigada unidad dialéctica entre su vida y su obra, como un todo indivisible. Porque Madariaga no cantaba el paisaje, tenía "ese nativo puro que arroja paisajes por la nariz", Madariaga era el paisaje.


 Rivenson, Madariaga, Orozco y Lange

Lo que las nuevas generaciones -bueno sería que no sólo las nuevas- debemos rescatar y emular de Francisco Madariaga y de toda esa generación maravillosa de las vanguardias poéticas argentinas de los años '50s y '60s, -tanto del "Surrealismo" como de "Poesía Buenos Aires"- es su compromiso ético y estético frente a la poesía. Hacer de ese compromiso un práctica cotidiana, sin mezquindades, sin exitismos vacíos, apostando a la formación  y enalteciendo esta gran disciplina humana que se llama Poesía.


 Francisco Madariaga y Edgar Bayley
Los textos que han sido recopilados y seleccionados para este Dossier, dan un abarcativa y profunda muestra del universo poético de Madariaga.

Sus poemas han sido publicados en importantes Antologías de Latinoamérica y Europa y traducidos al inglés, francés, alemán, sueco, portugués e italiano. Ha obtenido premios importantes a partir de 1963, entre ellos se destaca el Premio Nacional de Poesía en el 2005, por la obra correspondiente al período 1997-1999. Ha escrito obras en prosa y concurrido como invitado a Congresos y reuniones literarias internacionales y de su país. Desde 1954 y hasta 1998 publicó los siguientes libros de poesía:

* 1954      El Pequeño Patíbulo (Ediciones Letra y Línea, Buenos Aires).
* 1959/60 Las jaulas del sol (Ediciones A partir de Cero, Buenos Aires).
* 1963      El delito natal (Editorial Sudamericana, Buenos Aires).
* 1967      Los terrores de la suerte (Editorial Biblioteca, Rosario).
* 1968      El asaltante veraniego (Ediciones del Mediodía, Buenos Aires).
* 1973     Tembladerales de oro (Ediciones Interlínea, Buenos Aires). Reeditado con introducción de Víctor Redondo por El Búho Ediciones, Rosario, 1985.
* 1976      Aguatrino (Ediciones Edición del Poeta, Buenos Aires).
* 1980      Llegada de un jaguar a la tranquera ( Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires).
* 1983      Poemas (Auto selección, publicada por Ediciones Fundarte, en Caracas - Venezuela, con introducción de Juan Antonio Vasco).
* 1982      La balsa mariposa (Primera Obra Reunida, editada por la Municipalidad de la ciudad de Corrientes, con introducción de Oscar Portela).
* 1985      Una acuarela móvil (Ediciones El imaginero, Buenos Aires).
* 1985      Resplandor de mis bárbaras (Ediciones Tierra Firme, Buenos Aires)
* 1988      El tren casi fluvial (Obra Reunida, editada por el Fondo de Cultura Económica de México en Buenos Aires).
* 1997      País Garza Real (Editorial Argonauta, Buenos Aires).
* 1998      Aroma de apariciones (Ediciones Último Reino, Buenos Aires).
* 1998      En la tierra de nadie (Ediciones del Dock Buenos Aires).
* 1998      Criollo el universo (Editorial Argonauta, Buenos Aires).
* 1998      Solo contra Dios no hay veneno (Ediciones Ultimo Reino, Buenos Aires).
* 2009     Un palmar sin orillas - Antología Poética (Ediciones en Danza, Buenos Aires)



Notas


1    Rodolfo Alonso, Poesía Buenos Aires 1950-1960 Antología Íntima, Ediciones del Dock, 2010.




Francisco Madariaga en Corrientes [1967]


Poemas Éditos de 
Francisco Madariaga






De: Las Jaulas del Sol

LOS POETAS OFICIALES


¿Amoldáis vuestra esfera a lo más íntimo del porvenir?

Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio los escribientes nacionales, pajarracos de la patria.

Canasteros de los frutos del odio, no estoy arrepentido de tener a mi servicio las joyas y los frutos del deseo.

Principitos destronados de toda sangre de descomposición en la naturaleza.

Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza. 

  

EL ASALTANTE VERANIEGO

Shas, shas, shas, ¡abrir el vientre de vuestros
         corresponsales!

Los miniaturistas cedían al alcohol sus pequeñas
        desgracias.

Un olor a remolino de cloro y viento en forma de
       dardo hacía huecos en la garganta.

¡Gangrenas infinitas para los comensales del salón
       nacarado con tendencia hacia el oro!

El vapor descubierto ilumina la memoria y el ocio
      encoleriza y purifica al asaltante veraniego
      que viaja vestido de pana levemente 
      mortuoria.

Adiós, adiós, indiecitos y monos, graznidos en
      los lechos, obsequios de las desgracias;
      el viento roe el aliento de las bestias
      y descubre a los pasajeros enfermos
      el ocio blanco y sangrante de la tierra.









De: El Delito Natal

NUEVA ARTE POÉTICA

No soy el espectral, ni el sangriento, ni el cautivo,
     ni el libre, ni el trompudo de labios de lata, ni el
     acordeón del mar-ayer, ni la blancura del futuro,
     ni el bobalicón del espacio, ni la academia de los
     astros, ni el planetario de las correspondencias.

Yo soy aquel que tiene los deseos del celo de la tierra.
Aquel que tiene las cabellos del lado del amor.
El peinador de los pocos retratos de la desgracia.
El cacique de la boca arrojada sobre el lecho de
     la mujer que sangra.

¡Manantial para mis heridas!, que no son más que
     cosas de hadas.
¡Buen beber para mis ojos!, que no son más que
     sombras de desgracias, devueltas por el agua.

¡Loor terrestre a mis amigos y hermanas con temblores
     de bocas de duraznos, besadas por el agua!





 De: Tembladerales de oro


TEMBLADERALES DE ORO
In memoriam Alfredo Martínez Howard

El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que
arde contra el oro el oro de los ocultos tembladerales
que largan el aire de oro hacia los rojos destinos
pulmonares con el acuerdo de los fantasmas de oro
coronados por los juncos de oro bebiendo los
caballos de oro los troperos de oro envueltos en los
ponchos de oro -a veces negro a veces colorado
celeste verde- y el caballero que repasa las lagunas de
los oros naturalmente populares el que se embarca
en las balsas de oro con todos los excesos de
pasajeros de oro que manejan los caballos de oro con
los rebenques de oro bebiendo en la limetilla de oro
del barro de oro de los sueños de los frescos del
oro entre la majestad de las palmeras de oro y de los
ajusticiados y degollados en las isletas de oro bajo de
yacarés de oro del oro del Amor.





De: Criollo del Universo

CRIOLLO DEL UNIVERSO

El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de plata amarilla,
que se desprende de las aguas del sol.

Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia,
y muy temprano para pertenecer,
todo,
al planeta venidero y sangrante
resplandor.

Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta,
gaucho con trenzas de sangre,
mi padre,
y ensíllame el mejor caballo ruano del universo:
para atravesar el agua de oro de la muerte,
y escucharme,
todo,
siempre en ti.

El blanco océano solloza por la inmortalidad.



UN PALMAR SIN ORILLAS

El muerto en la campaña del otoño
ha vuelto a florecer en mi
memoria.
Ha revuelto el rostro contra huellas,
y ha arrancado la raíz del maíz terrestre
y celestial,
crecido en los parajes de sangre y
caballadas.

Para nada ni a nadie reconozco en mi
memoria
un poder mayor que el agua del País de la
Garza Real,
o sólo tal vez al color del padre muerto
que vuelve a reclamar su derecho a un palmar
sin orillas,
internándose en un desaparecido mar.



  


De: Llegada de un jaguar a la tranquera     
                                           


EL BAYO RUANO

Al fin de cuentas,
¿fui capaz de triturarlo todo por ti, vieja Poesía?
¿Y qué me habrá quedado?
¿"El almendro real de la esperanza"?

¿El duraznero blanco -con galas de abrojo-
      que arde sobre
      un mantel de sacrificios de otras sangres
      de levedad purísima?

Pasa cantando el caballero de los Trinos,
¡pero aún no se ha bajado del caballo!
El caballero que en los granes corrales dirigía
     la introducción
     y el despegue de las tropas,
el errante doctor gaucho
con sus caballerías siempre rezagadas para la
     despedida de los niños.

Oh viejo tropero azul, su compañero,
dibujado en el incendio de los rastrojos flotantes del
     estero,
canta tu canto de espartillar que ardió con el alcohol del
     desacuerdo
en el fuego de todos los parajes,
que también las fogatas de la bondad, móviles fantasmas,
     cantarán la borde del Camino Real,
volviendo,
con el fuego,
el aire de alguien,
¿para mí?,
montado sobre el antiguo bayo ruano del emponchado
para la restitución del Trino Blanco en el
corazón del Trino Negro.



 


De: Los terrores de la suerte


VI


Oh noche, yo te pregunto noche modernísima, pero ya
sin hierro, si cemento, malherida por el amo de la
prostitución y del trabajo, oh noche no cruel pero
bella y alargada hija del sacrificio del amor, oh noche
con corazón-noche de las noches mas reales
recuperadas por el viento, yo te pregunto,(¡oh rama:
que se salve, que se salve, que se salve!) noche de
islas como postres de una tiniebla entera.




De: País Garza Real
 

SUEÑO CON EDGAR BAYLEY JUNTO AL MAR


No está esta "riqueza abandonada" a pesar
de la rompiente de este mar que hoy quiere
      detenernos.
Yo igualmente atropello a esta barcaza de
      las negaciones.
Para nosotros es siempre el mismo tiempo
      de comunicaciones con imágenes de
      agua,
y es el mismo labriego el que ara sobre los
pinos caídos y carcomidos junto a ese
      mar:
tú y yo lo saludábamos ebrios con el ron
de los piratas cuyas ánimas frecuentaban
      los bares de La Paloma,
y tú siempre aparecías como recién desembarcado
de aquella barcaza que sólo llegaba hasta una
      rada,
en esa orilla que tenía sargazos de felicidad
y el infortunio propio de las corrientes
del azar con que dios se maneja entre los
      caracoles y aserrines amarillos de las
      olas que se alejan para retornar con
      párpados de perdiz almendrada desde el
      fondo marino.
Esas olas que acariciaban la legitimidad de
      los muelles sin pescadores,
los muelles que se desvelaban cuando cantaban
los náufragos del desamparo,
celebrando tu presencia y la mía.

Encantamiento de Edgar, tienes el color de
aquella isla del pirata de la resurrección,
isla donde habitaba una tigra calzada de
      palomas amarillas,
que se atrevió a adorarte con sollozos de
      sol,
y con las sombras de sus pestañas
bordadas con la sangre de una pleamar de
     estrellas.

Porvenir de la amistad, del amor y del sueño,
vienes por las huellas del invierno marino,
y aquí estoy yo por estas costas,
con el recuerdo de una mujer de labios rojos
     negros,
y un pacto de sangre muy lejano.

Y estoy cantándote a contratumba.




Un Poema en Prosa Inédito 
de 
Francisco Madariaga




POLÍTICA BLANCA O DORMIR SOBRE EL APERO


En América lo que hay que hacer es restregar la cara, el ánima y la sangre en los rastreos comarcales, donde se anida y espera la herramienta que hace explotar la imagen mas moderna.
  
En ella vive una sabiduría fuerte, exquisita, sanguínea, para descubrir y conducir el hecho poético, que virtualmente se encuentra dormido, pero conjurante en el corazón del hombre, como esos helechos de aroma pluvial entre los que desarrollan y duermen encendidas las serpientes de los esteros subtropicales, con esperanza concreta y un hecho real:

la poesía que la separa de la locura y el caos.
  
Así es su manera de cantar y de saber llevar el canto a los demás y no el canto a los demás. En esto es absoluto y la sonrisa de una tigra, lo confirma, cuando se abreva en su mirada. La naturaleza femenina aprueba su verdadero orden y su delicadeza no destrozada, degollada a veces, pero siempre resucitada en una sencilla y lúcida conciencia y esperanza llena de colores, dispuesta a imponerse a la rugosa realidad.
  
Cantando siempre y sabiendo pegar un buen galope, bajo la luna, hacia la gran conciencia solar, previo ese hecho lunar en el que se puede desensillar hasta que aclare y dormir sobre el apero, bajo esa luna que derrite las espadas de los asesinos y baña de sangre blanca las espuelas, los calibres de las armas de los bandoleros nobles, dejando desnudas todas las espadas de los asesinos y los pechos de los andantes, para que en ellos se pose la marejada blanca de las estrellas.



Francisco Madariaga con su hijo Lucio en Corrientes


Dos Textos 
de 
Francisco Madariaga 


Literatura, política y sociedad 
en América Latina (*)



Los escritores, poetas y artistas en general han estado, casi siempre, en disconformidad con el estado social, político, y estético, de su medio. Ya sé que, sobre esto, se ha dicho mucho, y yo, que no soy teórico, prefiero ser muy breve, acudiendo a la cita de grandes poetas y escritores, y a mi experiencia personal. A veces, la disconformidad a la que aludí, esta acompañada por una ardiente o indefinible melancolía... Baudelaire decía: "La poesía es la negación de la iniquidad". Estas palabras, para mí, conservan plena vigencia contra la coerción que los poderes tratan de ejercer, y lo logran, en la mayor parte de los casos, contra los inocentes y desamparados, pero aún no destruidos.

El narrador brasileño Joao Guimaraes Rosa afirmó:
El escritor debe ser un alquimista. Por supuesto, puede explotar en el aire. La alquimia del escritor necesita de la sangre del corazón. Para ser brujo de la palabra y estudiar la alquimia de la sangre del corazón, hay que provenir del Sertón. Llevo el Sertón dentro de mí y el mundo en el que vivo es también el Sertón. Goethe nació en el Sertón, así como Dostoyvski, Balzac; él era un moralista, vivía con el idioma y pensaba en la infinitud. Era un sertanejo. Todo escritor debe resignarse a que lo entiendan mal, equivocada o malévolamente. Quienes interpreten de que me declare partidario de la forma de pensar y sentir del Sertón como un nacionalismo mezquino, serían unos idiotas y probarían que no entendieron mis libros. Como escritor no puedo seguir la receta de Hollywood, según la cual hay que situarse siempre en el límite más bajo del entendimiento.

El poeta argentino Enrique Molina dijo sobre la poesía de César Vallejo y Walt Whitman:
Es verdadera poesía social por la profundización de su subjetividad hasta llegar a reconquistar en ella todo cuanto es desechado, frustrado, negado por una moral equívoca, un orden mental que deforma toda personalidad, y una sociedad que engendra la mayor injusticia.

Yo creo que el escritor, o poeta latinoamericano, vive un mundo con lugares casi desconocidos, con una fuerte naturaleza. Las relaciones humanas son móviles y en muchos casos, en su visión, perdura el espíritu del indígena y el negro. Ya ha podido dominar los aportes estéticos europeos, y avizora, con ardiente mirada su paisaje. Decía el poeta y crítico argentino Aldo Pellegrini:

El lenguaje de los nuevos poetas latinoamericanos va desde los extremos de una expresión rutilante y rica en imágenes hasta el directo, brutal, casi pura crónica. Los temas son los eternos de la poesía: el amor, la soledad y la muerte, pero a ellos se agrega la conmovedora piedad o la desesperación que trae aparejada la miseria, la vida incumplida. El lema de la frustración es sensible en la poesía latinoamericana.

En cuanto a mi experiencia de sociedad, política y poesía, comenzó en mi infancia y adolescencia, y en contactos, hasta ahora en una región muy bella, arcaica y aislada del centro-norte de la provincia argentina de Corrientes, en la zona de influencia del legendario y enorme sistema de Lagunas, Esteros y Palmares del Iberá. Se cedió este en la década terrible de los años 30.

Todo escritor, o poeta, surge de un medio, natural o urbano, y camina por los Caminos Reales de su tierra, sin saber hasta dónde estos lo pueden llevar. Creo haber recorrido los míos, sintiendo un perfume de llamaradas de antiguas sangres históricas, que se mezclaban con los perfumes, colores y olores de las ánimas más primitivas, ardientes y bellas de la vida a contra-muerte.

Crecí en esa región, entre los gauchos más arcaicos, temibles o bondadosos, que aún quedan en la Cuenca del Plata, y de todo esto ha quedado grabado en la conciencia de mi sangre, lo que pasaré a leer:
Siendo muy pequeño descendí de un tren marrón, antiguo, casi fluvial, entre las arenas de una estación de vaquerías y puñales, troperos y criaturales hambrientos, vendedores de tortas de maíz o de almidón de mandioca y naranjas. De caudillos y sus gentes, con ponchos y pañuelos llameantes: celestes los liberales, de valiente pero sereno trato, muy cantores de su antiguo y épico partido. Colorados, los autonomistas, endemoniados, fantásticos, bravíos, venidos de los esteros. Verdes, los radicales, defensores del voto libre y de los desamparados... Se paseaban por el costado de los trenes en las estaciones. Acompañando, o no, a sus legítimos Jefes Naturales, moderadores de sus instintos bélicos, cuando estaban un poco bandeados por la caña. Jefes de cuyas imágenes, terribles y delicadas, no he podido olvidarme nunca.

Tenía un rumor de monte, de campo y de agua la política. La caña era el agua salvaje para las entrañas de los hombres, y las mujeres rezaban contra el olor a pólvora y a sangre. Vísperas de violentas elecciones en la campaña de Corrientes. Yo, me escapaba de mi padre y me dirigía a los fogones, entre jugadores de taba, el resonar de espuelas, de armas y belicosos acordeones que, con el crepitar del fuego, hacían temblar a los atados redomones.

Y en todo esto, ¡cuántas hablas o escuchas de silenciosos, huraños, peligrosos personajes, que parecían atender a los llamados de una infinitud de sangres antiguas! ¡Cuántas dispo-siciones de hombre, mujeres algunas,-- muy bellas mulatas verdes de ojos dorados --para la fiesta, el amor, el crimen pasional, el rodeo de animales semisalvajes! ¡Rastros, rostros, ado-raciones, rezos de viejecillas, que sólo hablaban en guaraní y fumaban grandes cigarros! Y también --rara vez--el rezo, apenas susurrado, de algún viejo salteador, ya sosegado. ¡Ignorancias sagradas de seres que la miseria no ha podido destruir: fueron más fuertes las aguas afrodisíacas de los esteros, los frutos de las palmeras yataí, y los que aún conservaban del idioma guaraní.

En todo esto que he vivido, únicos escritorios han sido: viejas balsas, canoas, vapores fluviales, trenes casi silvestres, monturas sobre caballos, viejas fondas amarillas. Y en mi experiencia metropolitana, viejos tranvías ama-rillos. Y junto al mar, ranchos con techos de paja y hoteles de las costas de la Banda Oriental del Uruguay.

Agradezco que, de todo lo vivido, me haya quedado el conocimiento de los hombres inocentes y de la intem-perie. Tal vez, por eso, nunca he podido decretar ninguna Poética a priori.

En mi experiencia lejos de aquellas regiones, creo haber logrado descubrir que, una de las misiones del poeta es: ahuyentar a los muelles flotantes, cargados con mercaderías de la peste, que tratan de instalarse en los puertos de las grandes capitales del infierno social. Capitales con sus erradas aplicaciones de tecnologías, que destruyen los valores y dones más poéticos y vitales de los hombres.



Nota

(*) Ponencia



Aldo Pellegrini, Juan José Ceselli y Francisco Madariaga

Literatura y sociedad:
compromiso y gratuidad (*)

Comienzo esta ponencia con estas palabras de la gran poeta rusa, ya desaparecida, Marina Tsvataieva:

No escriban contra nosotros porque ustedes son la fuerza. He aquí el único encargo legítimo de  cualquier gobierno al poeta.

Los escritores, poetas y artistas en general han estado, algún modo, en disconfirmidad con el estado social y estético de su medio, en cuanto el mismo estuviera dominado por fuerzas contrarias a la naturaleza esencialmente libre de todo acto de creación estética. Detentadores de poder de "fiscalización externa" de toda índole, siempre han terminado esterilizando las facultades creadoras de la imaginación y del espíritu.

Yo se que sobre esta se ha dcho mucho, y prefiero ser breve, acudiendo a mi experiencia personal y también a lo que al respecto han dicho grandes poetas y escritores.

Dijo el gran poeta Saint-John Perse, en el discurso que pronunció en oportunidad de serle entregado el premio Nobel de Literatura:
A la poesía no se la honra a menudo. Es que parece que fuera en aumento la disociación entre la obra poética y la actividad de una sociedad sometida a las servidumbres materiales. Separación aceptada, pero no buscada por el poeta, y que existiría tambien para el sabio de no mediar la aplicación práctica de la ciencia". Y continuaba diciendo: "Pero más que modo de conocimiento, la poesía es, ante todo, modo de vida y de vida integral. El amor es su hogar, la insumisión su ley y su lugar está siempre en la anticipación. No quiere ser ausencia ni rechazo.

Por mi parte creo que el poeta o escritor latinoamericano vive en un mundo con lugares aún desconocidos, con una fuerte naturaleza. Las relaciones entre los hombres son móviles y, en muchos casos, en sus visiones del mundo perdura -como espíritu, como resplandor- la mezcla del español con el indígena y con el negro. Mestizada que ya ha podido dominar los aportes estéticos provenientes del exterior, y ya avizora -con ardiente mirada- su paisaje. Recuerdo lo que decía nuestro gran crítico y poeta Aldo Pellegrini:

El lenguaje de los nuevos poetas latinoamericanos va desde los extremos de una expresión rutilante y ríos de imágenes hasta el directo, brutal, casi pura crónica. Los temas son los eternos de la poesía: el amor, la soledad y la muerte, pero a ellos se agrega la conmovedora piedad o la desesperación que trae aparejada la miseria, la vida incumplida. El tema de la frustración es sensible en la poesía latinoamericana.

En cuanto a mi experiencia de Sociedad y Literatura, comenzó en mi infancia y adolescencia, y en los contactos,  nunca interrumpidos, que mantuve con una región muy bella, arcaica y aislada del centro-norte de mi provincia nordestina y mesopotámica de Corrientes, en la zona de influencia del enorme y milenario Sistema de Esteros, Lagunas y Palmares del Iverá.

Todo poeta o escritor surge de un medio natural o urbano, y camina, primeramente, por los Caminos Reales de su tierra, sin saber hasta donde estos lo pueden llevar.

Creo haber recorrido los míos sintiendo el perfume de llamaradas de antiguas y asesinadas sangres históricas, que se mezclaban con los perfumes, los olores y los colores de las hadas y las ánimas natales, primitivas, bellas y concretas de la vida a contramuerte.

Crecí en esa región , entre los gauchos que, a mi entender, son los más arcaicos, temibles o bondadosos, que quedan en estas condiciones, en la Cuenca del Plata. Y todo esto, ha quedado grabado en la conciencia de mi sangre, lo que ahora sigue:

Siendo muy pequeño descendí de un tren marrón, antiguo, casi fluvial, después de 36 horas de viaje, entre las arenas de una Estación con vaquerías y puñales, troperos y criaturales hambrientos, que vendían naranjas y tortas de maíz amarillo o de almidón de mandioca (yuca). De caudillos políticos y sus hombres mas fieles: con ponchos y pañuelos de cuello llameantes.
Se paseaban estos gauchos por el costado del tren parado en la estación, acompañando, o no, a sus legítimos jefes naturales, muchas veces eran los moderadores de los rápidos instintos bélicos de esos hombres, sobre todo cuando estaban un poco bandeados por la caña. Jefes Criollos, cuyas imágenes, terribles y delicadas a la vez, no olvidaré jamás.

Tenía un rumor de monte, de campo y de agua la política, la caña era el agua salvaje para las entrañas de esos hombres, y las mujeres rezaban contra el olor a pólvora y a sangre. Eran las vísperas de violentas elecciones en la campaña de Corrientes. Yo me escapaba de mi padre y me iba a los fogones, o me entreveraba con los jugadores de taba o gallos de riña, entre el resonar de espuelas, de armas y de belicosos acordeones que, con el crepitar del fuego, hacían retemblar a los atados caballos redomones.

Y en medio de todo esto: ¡Cuántas hablas o cuántas escuchas de silenciosos, huraños, peligrosos personajes, que parecían atender a los llamados de una infinitud de sangres antíguas!¡Cuántas disposiciones, de hombres y mujeres -algunas de ellas muy bellas mulatas verdes de ojos dorados-, para la fiesta, el amor, el crimen pasional, el rodeo de animales semisalvajes! ¡Rastros, rostros, adoraciones, rezos de viejecillas aindiadas, que sólo hablaban el guaraní, y fumaban grandes cigarros de tabaco muy negro! Y también -pero muy rara vez-. El rezo, apenas susurrado, de algún viejo salteador de caminos, ya sosegado.

Ignorancias sagradas de seres a los que la miseria no habia podido destruir. Fueron para ellos más fuertes las aguas afrodisíacas de los esteros, los frutos de la palmera yataí y lo que conservaban del inocente y muy dulce idioma guaraní.


Francisco Madariaga enlazando montado en un tordillo


Creo que, a veces, la disconformidad de los escritores y poetas a la que aludo al comienzo, está acompañada por una ardiente y e indefinible melancolía. Baudelaire creía que todo artista es siempre un poco melancólico, pero también decía: "La poesía es la negación de la Iniquidad".

Estas palabras de Baudelaire conservan para mí plena vigencia contra la coerción que, a veces, los poderes pretenden ejercer sobre los inocentes y desamparados, que aún no están destruidos o envilecidos.

Rimbaud decía:

¿Cuándo iremos, más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del  nuevo trabajo, la nueva sabiduría, la fuga de los tiranos y demonios, el fin de la superstición? ¡A adorar! ¡Los primeros! La natividad sobre la tierra. ¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! ¡Esclavos, no maldigamos la vida!

El narrador brasileño Joäo Guimaräes Rosa declaró en 1965 en Génova, en un reportaje que le efectuaron en ocasión de un Congreso Internacional de Escritores:

El escritor debe ser un alquimista. Por supuesto, puede explotar en el aire. La alquimia del escritor necesita de la sangre del corazón. Para ser brujo de la palabra y estudiar la alquimia de la sangre del corazón, hay que provenir del Sertón. Llevo el Sertómetro de mí y el mundo en el que vivo es también el Sertón.

Goethe nació en el Sertón, así como Dostoievski, Balzac, él era un moralista, vivía con el idioma y pensaba en la infinitud. Era un sertanejo. Todo escritor debe resignarse a que lo entiendan mal, equivocada a malévolamente. Quienes interpreten que me declaro partidario de la forma de pensar y sentir del Sertón como un nacionalismo mezquino, serían unos idiotas y probarían que no entendieron mis libros. Como escritor no puedo seguir la receta de Hollywood, según la cual hay que situarse siempre en el límite más bajo del entendimiento.

Decía el poeta Cesar Vallejo:

El artista antes que gritar en las calles o hacerse encarcelar, debe crear dento de un heroísmo tácito y silencioso, los profundos y grandes acueductos políticos de la humanidad que sólo con los siglos se hacen visibles y fructifican en esos idearios y fenómenos sociales que más tarde suenan en la boca de los hombres. Si el artista renuncia a crear lo que podríamos llamar las nebulosas políticas en la naturaleza humana, reduciéndose al rol, secundario y esporádico, de la propaganda o de la propia barricada, ¿a quién tocaría aquella gran taumaturgia del espíritu?

Por mi parte creo que todos los intentos de fiscalizaciones de la tarea creadora, poética, narrativa, artística, sólo han producido tragedias en algunos casos originadas directamente por muertes, desapariciones, cárceles, ocurridas por persecusioes e intervenciones de poderes, y en otros casos, por decisiones propias de los creadores, que no pudieron resolver la trágica dicotomía en la relación Arte-Sociedad... La poesía, el arte, ES, SON, más acá, más allá y adentro de la historia. Tienen un origen casi indescriptible y misterioso, con sus reyes o con sus repúblicas, sus dioses y milagros, exhuberancias, sus bodas o sus desastres. A los poetas que imbocan demasiado las bondades de un futuro, creo que más les convendría menejar, lo mejor posible, sus realidades interiores. Después de producido el hecho poético o artístico en general, recién se ve su carácter en relación con lo social: el arte, la poesía, son, sí, "sociales, pero no sociológicos". No hay otro compromiso mayor que el de cantar -esto se ha dicho ya lo bastante-, con la mayor fidelidad a sí mismo, cuidándose de las ideologizaciones o de las teologías poco solares. Por lo general estas posturas deconocen el valor de  la ardiente caridad y de la rebeldía natural existentes en la médula del corazón del hombre vivo, de esos que logran "entrar en fuego", como la afirmaba Van Gogh.

Decía la ensayista Hilde Domin en ¿Para qué la lírica hoy?:

Pero en cuanto el lírico se proponga contribuir expresamente y en sentido estricto a la configuración de la sociedad, escogiendo para ello como tema la "cuestión general", entonces todo depende, como en toda poema, de hasta qué punto lo excita el tema político y en qué forma se convierte de una cuestión "general" en su propia cuestión. En tal caso, no se le ha de pedir niguna experiencia de primera mano en el sentido de una demostrabilidad biográfica o topográfica, pues cualquier experiencia, también la más lejana, puede convertirse para el lírico en experiencia de "primera mano" cuando la tiene como "choque". El poema político, como todo poema, es tan virulento como es virulento en cuanto "poema". (Teniendo en cuenta que el concepto de poema político es cuestionable -¿es la fuga de la muerte de Celan un poema político?- y sería mejor sustituirlo por el concepto de poema "público", propuesto por Krolow). La gran mayoría de los poemas públicos no son más "eficaces" que otros poemas programáticos y son más bien competidores más débiles de los análisis publicísticos o de un buen reportaje televisivo. Pero, en el mejor de los casos, el poema "público" es tan grande como su tema, y algunos poemas públicos de nuestro tiempo se cuentan entre los mejores y no sólo de este siglo.

El poeta romántico inglés Percy B. Shelley dijo en su inolvidable Defensa de la poesía, de fines del siglo XVIII:

Si la corrupción hubiese llegado a extinguir la sensibilidad al placer y belleza naturales, el triunfo del mal se hubiera consumado. Cuando tal período se avecina, la poesía se dirige hacia aquellas facultades que son las últimas en ser destruidas, y su voz se escucha como los pasos de Astrea abandonando el mundo... Tiene que haber destruído la corrupción la estructura de la sociedad para que cese de existir la poesía, que contiene a la par las semillas de la renovación social y de sí misma.

Yo, por mi parte, creo que los poetas deben cantar desde el fuego de las estrellas guiadoras, que nadan por nuestra sangre, y alimentan a los inocentes, a los que resisten la tiranía de la técnica mal aplicada, esa que tiene templos sostenidos por columnas de peste, de desamor, de desamparo y de desprecio.

Dijo el poeta Enrique Molina, refiriéndose a la poesía de Walt Whitman y de César Vallejo:

Es verdadera poesia social producida por la profundización  de su subjetividad hasta llegar a reconquistar en ella todo cuanto es desechado, frustrado, negado por una moral equívoca, un orden mental que deforma toda personalidad.

Por mi parte, creo que es permanente la necesidad de que los poetas y narradores se fortifiquen en sus mejores tradiciones, con sus distintas visiones del mundo. Deben proseguir su tarea creadora, armados con las mejores armas que le brindan sus Países Natales y la experiencia desagrada de la infinitud. Armados en bodas totales con el agua y el sol, con sus rebeliones de fraternidad y de la solidaridad frente a las coerciones de los poderes envilecidos del dinero, del contrabando humano, con sus desprecios y fatigas que sólo conducen a un destino incierto. Trabajando con el máximo rigor natural y cultural, a la vez, plenos del conocimiento y las imágenes del vasto pueblo de la infancia y de todo lo más cercano y lo más lejano, de lo arcaico y de lo actual, de lo más realista y de lo más onírico.

Los narradores y los artistas en general son los detentadores de una recóndita, pero resplandeciente, ética de los sueños.

Para finalizar, y no obstante de que creo que existe una relación más honda y más viva entre Región-Infinitud- Poesía-Sociedad, que entre Nación -hecho jurídico, administrativo, político- y Poesía. Recordaré lo que decía el gran poeta francés Guillaume Apollinaire en su magnífico Manifiesto titulado El espíritu nuevo y los poetas:

No creo que los acontecimientos sociales vayan tan lejos que nos impidan hablar de literatura nacional. Al contrario, por mucho que se avance en el camino de las libertades, éstas no harán otra cosa que reforzar las antíguas disciplinas y aun de ellas surgirán otras nuevas que no serán menos exigentes que las posteriores. Pienso, pues, que el arte, suceda lo que quiera, tendrá siempre una patria. Por otra parte, los poetas son la expresión de un medio, y los artistas, como los poetas, como los filósofos, forman un fondo social que, perteneciendo sin duda a la humanidad, son la expresión de una raza, de un medio dado.


Nota

(*) Ponencia de Francisco Madariaga presentada en el "Congreso de Literatura y pensamiento Latinoamericano hacia el año 2000. América Latina : una identidad, una historia sin fin" Potrero de los Funes, San Luis, Argentina, 1995. Texto extraído de Museo Salvaje, Revista de Literatura, Año 5 N° 8, Santa Rosa, La Pampa, Primavera 2002.



Élida Manselli; Augusto Roa Bastos; Francisco Madariaga y Juan José Ceselli


Textos Sobre 
Francisco Madariaga


Francisco Madariaga:
celebración del origen
(*)

Élida Manselli


El tren mítico avanzaba entre las aguas, hacia la fraternidad casi extinguida, arca en medio de la nada, vía de rescate del pecado original, que lo lleva al sol, en el aura de los caminos reales, donde lo esperaban presencias, caballerías, ecos de luchas pasadas y la dulzura del idioma guaraní.

Una ley divina lo ha depositado en la tierra elegida, al alma positiva del palmar, a las lagunas, a un estero brillante con islas y monos, que juntos recorrimos con nuestros amados caballos que nadaban seguros de isla en isla, mientras se deslizaba una curiyú (boa) a nuestro paso.

Su hada lo guiará hacia la bondad del paraje, a su "querencia sombría", que a diferencia de Rimbaud, extinguido en la llama de su genio , Madariaga dominará el fuego primigenio hacia una armonía creadora, una claridad del lenguaje que perdurará a lo largo de su vida.

La comarca aislada de la civilización del progreso, marcada por el desamparo y la pobreza, asocia al poeta a la celebración originaria a, "la luz salvadora del bajo fondo humano, la escarlata sangrienta de la poesía, borda en mis hombros, en los hombros de mi corazón, un valor mas que humano".

Deslumbra, conmueve, su poesía es una alabanza a los elementos y a sus criaturas mas desprotegidas, ubica un paisaje arcaico hasta el límite de la reflexión.

El poeta toma las herramientas del espíritu nuevo, que obran como una nervadura en la misión de sacralizar cada partícula del universo poético.

El nuevo viaje es un resplandor criollo del retorno, nuestro pequeño Lucio le devolvía la infancia en el tren último y la sabiduría de una mirada de amor. "Aqui ya empiezan a haber caballos, me decía. Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde entre los colores del agua de la infancia".

Madariaga recordará siempre como una flor de inocencia a Sofía Fernandez, que cantaba solitaria y esquiva y le decía en guaraní: "Mi santo Dios, Mi santo Fuerte, Mi santo Mortal".

Adorador tácito, explorador de los antiguos gauchos y calladas mujeres, su poesía no es un azar, sino un riesgo lúcido en un paisaje joyante, peligroso y cargado de terrores que lleva finalmente al poeta a una serenidad de criollo cabal, contra el despojo del hombre genuino, "pero es necesario llevar la misión cumplida hasta la Última Coronación de la hermandad".


(*) Prólogo a Un palmar sin orillas. Antología poética, Ediciones en Danza, 2009.